EL LEGADO CIENTÍFICO DEL MUNDO ISLÁMICO

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“Hay gentes que piensan que no es necesario estudiar la naturaleza. No queremos,
dicen, estudiar la naturaleza, sino la teología. Sépase que estas son palabras
de gente perezosa y ociosa, pues la teología se prueba por el estudio de la
naturaleza. Dicho de otro modo, no hay oposición entre la razón y la fe.”


Introducción
Este postulado del cristiano San Juan Damasceno (675-749), hijo del ministro de finanzas del califa Abd al-Malik, resume a la perfección la posición generalizada en los primeros siglos del Islam.
Los musulmanes habían ocupado rápidamente todas las áreas que permanecieron bajo la influencia de la civilización griega (Siria, Palestina y Egipto). Allí vivían los últimos sabios procedentes de la escuela de Alejandría, clausurada por Justiniano unas décadas antes de la expansión del Islam. Estos sabios eran cristianos, pero la cultura greco-helenística sobrevivía aún incorporada en la teología cristiana. De igual modo sucedió en el caso de la civilización irania preislámica, que ocupaba buena parte de lo que hoy es Iráq, Irán y Asia Central, territorios que pronto caerían bajo la influencia del Islam. Con todos ellos –ya fueran griegos o persas– se relacionaron los musulmanes, buscando todo lo que de verdadero y útil pudieran transmitir, de modo que no destruyeron el patrimonio cultural de los pueblos vencidos, sino que supieron integrarlo con amplitud de miras, preparando así el florecimiento e irradiación de su propia cultura, inspirada en todos sus aspectos por la visión unitaria del Corán.